Gran Hermano
es un artículo del miembro de la RED VASCA ROJA Alfontso Martinez Lizarduikoa, publicado en GARA el 12 de junio del año 2000, que concreta su denuncia global de la utilización represiva mundial de las nuevas técnicas de comunicación e información en la denuncia de su uso en la “guerra sucia” que España hace a Euskal Herria.
Gran Hermano
En agosto de 1999 la compañía SiRF Technology de California anunció que había desarrollado un microprocesador avanzado para el sistema GPS (Global Positioning System). Esta pequeña y al parecer inofensiva noticia es, a poco que se reflexione sobre ella, tremendamente alarmante.
El objetivo de la tecnología GPS consiste en situar espacialmente sobre cualquier lugar del planeta, y con gran precisión, a un objeto que emite una señal para ello y, después, comunicárselo al emisor. El sistema GPS depende de 27 satélites escuchadores de señal en órbita a 17.000 kilómetros de la Tierra, puestos por el Departamento de Defensa de EEUU, que ya llevaba trabajando en este proyecto desde 1964. Los sistemas GPS ya eran utilizados desde hace años para la navegación marítima, pero recientemente y debido a su miniaturización y precio más asequible, podían ser utilizados también por una gama selecta de cazadores, alpinistas o ciclistas de riesgo. Sin embargo, lo que la compañía SiRF tiene ahora «in mente» es transformar (por medio de sus microprocesadores tan pequeños como un sello de correos) a estos receptores en comunicadores universales, de tal manera que si poseemos uno de ellos podremos saber dónde estamos nosotros, pero todos los demás también lo sabrán.
Como era de esperar EEUU, siempre a la vanguardia de tan democráticos avances tecnológicos, ha decidido exigir a los proveedores del servicio de telefonía celular la instalación obligatoria de los nuevos microprocesadores en su diversa gama de modelos portátiles, para (argumentan) localizar a todo aquel que llame al número de emergencias y poderle asistir de inmediato. Y frente a los irreductibles, que han decidido vivir peligrosamente sin teléfono móvil, también se plantea ya la ubicación obligatoria en los relojes, en la ropa o en los coches (al parecer elementos básicos de los que no puede huir ni el más recalcitrante anarco). De hecho, las marcas de automóviles Toyota, Honda, Lexus y Cadillac los integran ya en sus modelos.
De esta manera, la metáfora del Gran Hermano orwelliano, imaginada como la dictadura de un estado con un ojo vigilante del que nadie puede escapar, se va materializando a marchas forzadas en nombre del progreso y de la modernidad. Podemos pensar que esto no va con nosotros, pero no es así. La tecnología GPS es un eslabón más de una larga cadena que se ha ido tejiendo, sin gran resistencia popular, durante los últimos años y en la que las nuevas tecnologías tienen un papel estrella.
Aunque no queramos creérnoslo, nuestras fichas (las de todos) están en el ordenador del Ministerio de Interior gracias a los «avances» de la cibernética. Nuestra información biológica está siendo sistemáticamente metida en bases de datos para ser utilizada por el Estado de la manera más idónea y según sus intereses, gracias a los «avances» de la biotecnología. Desde hace años somos vigilados por cámaras ocultas en calles, supermercados, entidades de ahorro o campos de fútbol, gracias a los «avances» de la tecnología digital. Y esta lista crece ininterrumpidamente. De hecho estas tecnologías punta, como la GPS, nunca han podido olvidar del todo sus orígenes, y antes de tener aplicaciones «civiles», han sido experimentadas y utilizadas en otros terrenos. A los presos en libertad condicional en EEUU, por ejemplo, se les implanta el microchip para tenerlos localizados permanentemente. ¿Quién no recuerda al inefable Atutxa pidiendo a los empresarios que se dejaran injertar emisores en el cuerpo, para poder localizarles de inmediato en caso de secuestro?
Aún es más reciente el doloroso caso del militante de ETA Geresta, al que, al parecer, se le incrustó un transmisor en la dentadura con objeto de poder seguirle y capturar a otros miembros de la organización, transmisor que después de ser asesinado le fue sustraido (muelas incluídas) para no dejar rastro de tan democráticas prácticas. ¿Y qué decir del más banal seguimiento (en Euskal Herria con especial ahínco) a sospechosos, insertando para ello emisores ocultos en los coches? Ante la nueva ofensiva total del capitalismo globalizador que quiere convertir a todo el planeta en un cortijo, la nueva izquierda emergente tendrá que analizar y posicionarse ante los retos de estas nuevas tecnologías, sin olvidar en ningún momento que todas ellas tienen un profundo contenido de clase. Lo cual quiere decir que si se comercializan las aplicaciones pacíficas de la energía nuclear, la televisión, internet o los teléfonos móviles, pongamos por caso, es porque interesan al sistema para alcanzar sus objetivos globales, como pudieran ser, respectivamente y simplificando, dividir geoestratégicamente al planeta en dominadores y dominados (energía nuclear), homogeneizar el mercado generando un pensamiento planetario único guiado por el capital (televisión), desestructurar el mundo del trabajo para que no pueda reflexionar y defender colectivamente sus intereses de clase (internet) o tener a todo el mundo fichado y localizado al estilo del Gran Hermano en la mayor cárcel que jamás haya existido en la historia de la humanidad (GPS).
Visto lo anterior, que todavía haya gente que se atreva a decir que la izquierda (el análisis y la práctica de izquierda) está pasada de moda no sé si achacarlo a una boutade modernista o a un profundo fallo neuronal.
Alfontso Martinez Lizarduikoa
Doctor en Ingeniería y filósofo